Transformers, cariño por las máquinas
Wednesday, July 25th, 2007
Foto: JHC. Juguete: Pedro Hernández, 1989
Aunque nunca fui fanático de los Transformers (a mi hermano menor le pegó mucho más fuerte la moda de los autobots), ayer me di de esos gustos personales y solitarios yendo a ver esta geek película. ¡Cómo dejar pasar la oportunidad de revisitar en la pantalla grande uno de los grandes animeé de los ochenta!
Primero que nada, resumir en pocas palabras el aspecto narrativo que pesa menos que el archivo txt de este artículo: el tímido estudiante de “college” que accidentalmente desencadena la trama, la chica guapa que se termina enganchando de él, el amigo fiel, el policía malo, los papás histriónicos, el amigo nerd.
Segundo, la parte software. Me encontré con un festín de efectos especiales de última generación, robots sofisticadísimos haciendo artes tecno-marciales, una rapidez increíble para cambiar de forma, mutar, adaptarse. Los Transformers no son seres tecnologizados, son la tecnología en sí misma, en un alto nivel de complejidad y que curiosamente han desarrollado sentimientos nobles y hasta compasión por la humanidad. Los Transformers son héroes de metal, son robots que surgen de artefactos que cotidianamente transitan por la retina humana tales como automóviles, aviones, radios, camiones. Se desplazan a máxima velocidad en su estado oruga, por las calles de la ciudad. Cuando deben combatir, renuevan su aspecto en una sucesión mágica de piezas que se expanden, se doblan, se afinan, se tuercen hasta conformar un gigantesco robot. Optimus Prime, el líder de los buenos, es el máximo guerrero mecánico. Los Transformers son hardware altamente flexible, orgánico, con una luz intensa en los ojos, como fina aura de leds. El ser artificial por excelencia.
Todas estas cualidades no son sino una imperdible invitación a encariñarse con los Transformers como si fueran mascotas, con un nivel espiritual latente, no humano, pero apto para una interactividad emocional. La única razón para ir a ver esta película es la oportunidad de apreciar la gestualidad de estas bestias metálicas en proyección de cine y no con look de Nintendo, que es lo que pasa con las tres nuevas películas de Star Wars, que cuando las pones en el televisor dan ganas de mover a los personajes y hacerlos pelear como uno quiera, perdiendo toda dignidad narrativa y adscribiéndose con creces al término “infantilización del cine”.
