Archivo de la categoría ‘Cine’

Rumpy se dirige al país

Monday, October 22nd, 2007

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Más que un locutor entre “ondero” y “flaite”, creo que el Rumpy es un psicólogo autodidacta en un país que poco a poco deja de ser doble estándar para ser directamente abierto en los temas sexuales. En Chile ha habido un cierto destape en los últimos años, un relajo de la líbido como parte de nuestra “evolución hacia el desarrollo”.

A este país acelerado y hormonal se dirige el Rumpy, curandero mediático que con voz chillona le baja el perfil a los desastres emocionales de los participantes de su programa. El Rumpy es querido porque escucha, y no da sermones sino que se remite a comentar en jerga popular las historias que le llegan, para terminar con un “temita” que corona el desenlace dramático de los condoros de los compatriotas en aprietos.

Las tres historias de Radio Corazón van más allá que El Chacotero Sentimental o películas como Sexo con Amor. Son más contemporáneas, y por tanto, más decadentes. O visto de otro modo, son relatos que se deslizan en la ya debilitada línea entre la sorpresa y la indiferencia de las audiencias de hoy. Hacen reír, sin duda. Pero es una risa que combina humor y nerviosismo.

Entre la colegiala que quiere perder la virginidad con su padrastro, la madre lesbiana que le quita la novia a su hijo y la nana que satisface las pulsiones naturales de su patrón alentada por su patrona, uno queda con la sensación de que hoy todo vale.

Es recomendable ver esta película en el cine y apreciar cómo se acomodan estos cuadros aparentemente patéticos en el nuevo mosaico moral chileno.

El espía sensible de la RDA

Thursday, September 6th, 2007

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Fotograma extraído del trailer disponible en la página: http://www.movie.de/filme/dlda/

Hace algunos días aparecieron en la prensa chilena las reacciones a la película “La vida de los otros” (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) de algunos políticos de izquierda que habían estado exiliados en la RDA . Su decepción colectiva me hizo pensar que quizás la película se trataba de un planfeto anti-comunista o una reivindicación facilista de la fórmula global de mercado.

Sin embargo, me encontré con una película muy interesante, con una tensión psicológica y actuaciones sorprendentes, a pesar de lo depresiva que puede resultar a ratos. La ecuación del disidente interno en sistemas opresivos, que ocupa un cargo de confianza, en la línea de fuego, se ha visto contundenmente en el cine. Un ejemplo de ello es “La Lista de Schindler” en la que un empresario salva la vida de miles de judíos durante el holocausto.

En este caso, un miembro de la Stasi (Policía de Seguridad Estatal de la ex Alemania socialista) al que se le encomienda la misión de espiar al exitoso dramaturgo Georg Dreyman y la actriz Christa-Maria Sielandun, arriesga su puesto y su propia seguridad por cubrir una operación de intelectuales liberales que consistía en publicar artículos anti-sistema en el lado de Berlín occidental.

La conversión del capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe) es algo rápida, pero convincente. El estoiciscmo, disciplina, frialdad y racionalidad alemana está presente en el personaje de principio a fin. Sin embargo, es posible introducirse a través de estrechas ventanas que abre el actor en el sentimentalismo que lleva a este espía a trabajar “para el otro lado” y conspirar contra un régimen que en los ochentas ya comenzaba a agrietarse por todos lados.

Comentario aparte merece la estética y ambientación de la película, de atmósfera pulcra, gamas ocres y celestes grisáceos de edificio estatal. La inexistencia de publicidad y la presencia de los objetos precisos y estrictamente necesarios que una persona necesita en un régimen socialista, en el que la clase media trabaja para un Estado tan protector como autoritario e inquisidor. Un estilo de vida que contrasta violentamente con la vida que llevamos hoy, de invasión mediática y complejidad simbólica, en la que la imagen misma se ha vuelto mercancía.

Si trabajara en Amazon te diría lo siguiente: “la persona que vio esta película debería ver también: Goodbye Lenin, la Lista de Schindler y Orwell 1984″.

Transformers, cariño por las máquinas

Wednesday, July 25th, 2007

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Foto: JHC. Juguete: Pedro Hernández, 1989

Aunque nunca fui fanático de los Transformers (a mi hermano menor le pegó mucho más fuerte la moda de los autobots), ayer me di de esos gustos personales y solitarios yendo a ver esta geek película. ¡Cómo dejar pasar la oportunidad de revisitar en la pantalla grande uno de los grandes animeé de los ochenta!

Primero que nada, resumir en pocas palabras el aspecto narrativo que pesa menos que el archivo txt de este artículo: el tímido estudiante de “college” que accidentalmente desencadena la trama, la chica guapa que se termina enganchando de él, el amigo fiel, el policía malo, los papás histriónicos, el amigo nerd.

Segundo, la parte software. Me encontré con un festín de efectos especiales de última generación, robots sofisticadísimos haciendo artes tecno-marciales, una rapidez increíble para cambiar de forma, mutar, adaptarse. Los Transformers no son seres tecnologizados, son la tecnología en sí misma, en un alto nivel de complejidad y que curiosamente han desarrollado sentimientos nobles y hasta compasión por la humanidad. Los Transformers son héroes de metal, son robots que surgen de artefactos que cotidianamente transitan por la retina humana tales como automóviles, aviones, radios, camiones. Se desplazan a máxima velocidad en su estado oruga, por las calles de la ciudad. Cuando deben combatir, renuevan su aspecto en una sucesión mágica de piezas que se expanden, se doblan, se afinan, se tuercen hasta conformar un gigantesco robot. Optimus Prime, el líder de los buenos, es el máximo guerrero mecánico. Los Transformers son hardware altamente flexible, orgánico, con una luz intensa en los ojos, como fina aura de leds. El ser artificial por excelencia.

Todas estas cualidades no son sino una imperdible invitación a encariñarse con los Transformers como si fueran mascotas, con un nivel espiritual latente, no humano, pero apto para una interactividad emocional. La única razón para ir a ver esta película es la oportunidad de apreciar la gestualidad de estas bestias metálicas en proyección de cine y no con look de Nintendo, que es lo que pasa con las tres nuevas películas de Star Wars, que cuando las pones en el televisor dan ganas de mover a los personajes y hacerlos pelear como uno quiera, perdiendo toda dignidad narrativa y adscribiéndose con creces al término “infantilización del cine”.