El Origen (Inception): Sueños vívidos al estilo Matrix

Una película que mezcla psicoanálisis, cartografía, urbanismo, chamanismo, surrealismo y acción.

Las siguientes son algunas merecidas líneas para una de las películas que quedarán en la memoria de este año 2010 que ya se empieza a acabar. Se trata de El Origen (Inception), de Cristopher Nolan, una especie de Matrix en la cual se reemplaza la inmersión en un sueño controlado por la tecnología por la inmersión en varias capas de sueños controlados por otros.

Me explico. En El Origen se recurre a una fórmula narrativa compleja, ya que gira en torno a un tipo de espionaje industrial muy sofisticado que consiste en implantar una idea en la mente de una persona para lograr ciertos efectos inconscientes en su conducta. Para esto, el implantador-usurpador de ideas debe ingresar en la mente de su objetivo para provocar determinadas situaciones y de este modo programar los efectos esperados que para este caso consisten en romper una posible dinastía económica de un padre y su hijo.

El punto es que para ejecutar estas operaciones es necesario aprender a controlar los sueños y convertirlos en algo “vívido”. Tanto Alejandro Jodorowsky como Carlos Castaneda, entre otros, se han referido ampliamente al tema desde el horizonte místico del shamanismo. Estamos hablando de los “sueños vívidos”, aquellos en los que despertamos, sabiendo lo que son, pero tomando las oportunidades de control disponibles para así crear nuevas experiencias y explorar en el océano del inconsciente.

Obviando las escenas de acción repetitivas, las persecuciones a balazos, caídas de automóviles, explosiones, destrucción de puentes y una larga lista de “exageracciones”, es eso lo realmente interesante y provocador de la película. Es la trama onírica en la que podemos contar hasta cuatro capas de sueños que se apilan sobre sí. Para aplicar la estrategia, no basta con que el implantador (personificado por el plano y monótono Leonardo DiCaprio) ingrese al primer nivel de los sueños, si no que debe ir más allá, según el tipo de defensa mental que tenga su víctima. En El Origen, la víctima (Cillian Murphy como Robert Fischer) ya ha sido entrenado en las técnicas de los sueños vívidos y tiene un subconsciente altamente blindado y militarizado. De ahí la lluvia de balas que la conecta con una película de acción más, pero de ahí también el juego que la hace única: la estrategia que debe organizar Cobb (el implantador de la idea) considera distintos niveles de espejismos. La aventura se desarrolla, entonces, en un sueño dentro de un sueño, que es a la vez un sueño dentro de otro sueño. Operación que, analizada en detalle, resulta a lo menos, vertiginosa y abstracta al límite.

Mención especial merece la actuación de Ellen Page, la joven arquitecto que se une al equipo de implantadores para crear escenarios laberínticos y ciudades surrealistas que se doblan en esquemas imposibles al estilo Escher, en un pool de desafíos matemáticos y creativos que han convertido a este film en un hit popular entre arquitectos, urbanistas y psicoanalistas.

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