“Moon”, ciencia ficción al estilo Kubrick

“Moon” logra generar un suspenso de factura independiente, que prescinde de pirotecnia innecesaria y efectista.

Por estos días se exhibe en los cines chilenos la segunda película de Duncan Jones, “Ocho minutos antes de morir” (Source Code), un efectivo film que en un relato no lineal y con recursivos desplazamientos temporales cuenta la historia de un soldado norteamericano al que se le asigna una peculiar misión para salvar vidas.

Pero no es a esta película que quisiera dedicar estas líneas, sino que se trata de una anterior, “En la Luna” (Moon), ópera prima del director que tuvo hace un par de años una buena recepción en el público y la crítica especializada, al punto de ser premiada como la mejor película británica independiente de 2009 (Best British Independent Film). Aunque algunos reviews van muy lejos al equipararla con “2001, Odisea del Espacio” de Kubrick, la película tiene méritos suficientes como para formar parte de una colección de buenas entregas de ciencia ficción.

“Moon” integra trajes espaciales, bases lunares, interfaces digitales y comunicaciones de video en la vida de un solitario minero del futuro cuyo contrato de tres años enviando Helio 3 a la Tierra, comienza a complicarse biológica y existencialmente. Sí. Porque aunque la película propone en algún momento como eje argumental el delirio, vértigo y máximo estrés que significa estar a 250.000 millas de la Tierra, esta no apela a la lucha de un astronauta contra la locura (recordemos a Keir Dullea en 2001 de Kubrick, en schock por encontrarse con su sí mismo anciano) sino que en realidad se trata de un problema de clonación en el ensamblaje humano de una empresa espacial. Este empleado lunar, no es exactamente un “individuo” sino que es parte de un grupo de clones en el que se encuentra repartido el yo de Sam Bell (Sam Rockwell en su mejor papel), con recuerdos, sentimientos y recriminaciones incluidas. La fórmula de los “implantes de memoria”, ya vista en Blade Runner (Ridley Scott, 1982), funciona a la perfección en cuanto es la que permite entender la ecuación dramática que se propone para este personaje homogéneamente multi-polar.

“Moon” podría ser considerada una película “lenta”, con algunas deficiencias de ambientación que juegan en contra. Sin embargo, logra generar un suspenso de factura independiente, que prescinde de pirotecnia innecesaria y efectista. La música de Clint Mansell y la voz de Kevin Spacey como GERTY, una especie de HAL 9000 pero emocionalmente más inteligente, aportan también a la generación de una atmósfera psicológica donde queda claro que la ciencia ficción no se trata de exploradores espaciales que disparan balas láser y que trabajan en equipo con mascotas de dos metros de alto. Se trata más bien del desenvolvimiento de ideas eclécticas, basadas en posibilidades remotas y otras no tanto, proyectables desde la ciencia y la tecnología, de un futuro que hoy nos parece sofocante pero que deja entrever soluciones radicales a las crisis del proyecto civilizatorio en la Tierra.

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