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El espía sensible de la RDA

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Un lujo de película que retrata la policía física y “del pensamiento” que existió en la Alemania oriental

Fotograma extraído del trailer disponible en la página: http://www.movie.de/filme/dlda/

Hace algunos días aparecieron en la prensa chilena las reacciones a la película “La vida de los otros” (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) por parte de algunos políticos de izquierda que habían estado exiliados en la RDA . Su decepción colectiva me hizo pensar que quizás la película era de un planfeto anti-comunista o una reivindicación facilista de la fórmula global de mercado.

Sin embargo, me encontré con una película excepcional, con una tensión psicológica y actuaciones sorprendentes, a pesar de lo depresiva que puede resultar a ratos. La ecuación del disidente interno en sistemas opresivos, que ocupa un cargo de confianza, en la línea de fuego, se ha visto contundenmente en el cine. Un ejemplo de ello es “La Lista de Schindler” en la que un empresario católico checo salva la vida de más de mil judíos durante el holocausto.

En este caso, un miembro de la Stasi (Policía de Seguridad Estatal de la ex Alemania socialista) a quien se le encomienda la misión de espiar al reconocido dramaturgo Georg Dreyman y la actriz Christa-Maria Sielandun, arriesga su puesto y su propia seguridad al cubrir una operación secreta de intelectuales liberales consistente en la publicación de artículos anti-sistema en el lado de Berlín occidental.

La conversión del capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe, 1953-2007) es algo rápida, pero convincente. Estoiciscmo, disciplina, frialdad y racionalidad alemanas están presentes en el personaje de principio a fin. Sin embargo, es posible introducirse a través de estrechas ventanas que abre el actor en la melancolía que lleva a este espía a trabajar “para el otro lado” y conspirar contra un régimen que en los ochentas ya comenzaba a agrietarse por todos lados.

Comentario aparte merece la estética y ambientación de la película, de atmósfera pulcra, gamas ocres y celestes grisáceos de edificio estatal. La inexistencia de publicidad y la presencia de los objetos precisos y estrictamente necesarios que una persona necesita en un régimen socialista, en el que la clase media trabaja para un Estado tan protector como autoritario e inquisidor. Un estilo de vida que contrasta violentamente con la vida que llevamos hoy, de invasión mediática y complejidad simbólica, en la que la imagen misma se ha vuelto mercancía.

Si trabajara en Amazon te diría lo siguiente: “la persona que vio esta película debería ver también: Goodbye Lenin, la Lista de Schindler y Orwell 1984”.