Festival de Lima: una nueva y prometedora travesía

Es una gran satisfacción poder presentarles en esta breve reseña el camino recorrido por nuestro Festival de Lima, el cual se ha convertido, sin temor a equivocarnos, en uno de los mayores medios de impulso y difusión de la cinematografía latinoamericana.
Durante una década, nuestra Universidad, a través de su Centro Cultural y con el apoyo de un notable conjunto de auspiciadores de la empresa privada, llevó a cabo, con renovada energía y entusiasmo, la organización de los Encuentros Latinoamericanos de Cine. Gracias a la creciente acogida que éstos tuvieron tanto entre el público como en la comunidad de personas vinculadas con la producción cinematográfica, nuestros ya tradicionales encuentros mudaron de nombre en el 2007 y hoy celebramos lo que con acierto se ha dado en llamar el Festival de Lima, expresión que encierra mejor la idea de la gran fiesta del séptimo arte que se vive por estos día en nuestra ciudad capital.
A lo largo este tiempo, nuestros esfuerzos, al igual que nuestras expectativas, se han visto acrecentados. Año tras año se han ampliado el número y la diversidad de nuestras actividades y los espectadores son cada vez más. De ser nuestro Centro Cultural la única sede, en la actualidad contamos con múltiples escenarios, entre ellos una cadena de cines y los espacios que, incluso al interior del país, nos ofrece la Red Peruana de Universidades.
Nuestro objetivo ha sido siempre el mismo: alentar y difundir las variadas y fecundas filmografías que, pese a los consabidos obstáculos y carencias, afloran con inusitada fuerza y creatividad en nuestro continente, dando forma y sustancia a los particulares imaginarios de nuestros pueblos, pero también a esa “patria grande” con la cual soñaron nuestros antepasados.
El festival cada año ha significado un nuevo viaje por esa extraordinaria geografía que compone el cine latinoamericano. Y es que el cine constituye, a su modo, una forma de viajar, un vínculo que nos enlaza con el mundo y sus posibilidades por descubrir. Así, refugiados en una sala y en la oscuridad de las luces apagadas, hemos abandonado la monótona quietud de nuestras rutinas, de nuestros itinerarios acostumbrados, toda esa frágil certeza de un mundo artificialmente iluminado, para embarcarnos juntos, a veces codo a codo, apretujados, como sobre la cubierta de una nave, hacia el horizonte donde habían de ser cumplidos nuestros sueños íntimos y nuestras fantasías colectivas. Y de esa forma, cada espectador, cada uno de los que imaginan desde la oscuridad, si bien es protagonista de una biografía propia, ha participado de una aventura compartida.
La Pontificia Universidad Católica del Perú, casa comprometida con el saber y la cultura, pero también con la afirmación de los lazos de integración entre las naciones de nuestro continente, se siente profundamente complacida de haber recibido durante once años a los miembros de la comunidad cinematográfica latinoamericana para cada año ser su anfitriona en una nueva y prometedora travesía. Travesía en la que, a lo largo de estos años, no sólo hemos celebrado la vitalidad y la riqueza de nuestro cine, sino que nos hemos reconocido y hermanado en la búsqueda de esa tierra anhelada pero cada vez más cercana que es la de Latinoamérica plenamente unida.
Luis Guzman Barrón Sobrevilla
Rector
Pontificia Universidad Católica del Perú